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Un compendio de posibles infracciones de este artículo del Código Penal.

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Los proxenetas y nuestras mantenidas


jueves, 4 de junio de 2015



Cuanto más incultos, más separatistas.


Son nuestras mantenidas. Las hemos dado lo mejor que teníamos, todas nuestras atenciones han sido para ellas y hemos tirado de cartera para que no las faltase de nada. Sus exigencias nos han costado esfuerzos económicos en perjuicio de otras necesidades que teníamos, pero ni así. Nos odian y encima dicen que las robamos.

Nos han estado engañando para exprimirnos y ahora que estamos en crisis se han echado en brazos de otros que les prometen una mejor vida y total independencia. Las han embaucado unos pocos que sólo persiguen explotarlas en beneficio propio. Son los embaucadores proxenetas que quieren tener su propio territorio donde explotar a quienes caigan en sus promesas.

A nuestras mantenidas no les bastan siglos de convivencia con nosotros y prefieren marcharse de la casa común para empezar una nueva aventura del brazo de los proxenetas cantamañanas, unos impresentables que se burlan de las leyes y que debían estar en la cárcel si nuestro padre de familia tuviera valor para hacer cumplir la ley en lugar de acceder al contínuo chantaje de nuestras mantenidas, que se lo gastan en estupideces para aparentar lo que no son.

Nuestras mantenidas, las provincias separatistas de Vascongadas y Cataluña, esas provincias españolas a las que hemos venido dando el dinero que se ganaba en otros lugares de España para contentar sus exigencias y convertirlos en ciudadanos de primera con el dinero de los demás, son unas desagradecidas que no se merecen el nivel de vida en que las hemos situado y que seguimos pagando.

Tanto una como otra región disfrutan de un grado de privilegio sin paralelos en el resto de la nación. En el caso de las Vascongadas, su economía y su sistema de bienestar social son sostenidos de manera directa e innegable por el resto de los españoles. Bien pueden jactarse los nacionalistas vascos de que su Sanidad es la mejor del Estado o de que sus pensiones son las más elevadas.

Así es porque a cada ciudadano español le cuesta al año no menos de dos mil euros el que se mantenga en pie la Sanidad vasca y porque su sistema de pensiones lo costeamos bien generosamente entre todos aceptando que el nuestro entregue renumeraciones inferiores a los que se retiran tras una vida de trabajo. Nuestros recortes son sus mejoras.

Gracias a la figura del concierto –que el catedrático Mikel Buesa definió acertadamente hace años como el «pufo vasco»– las Vascongadas tienen mesa y mantel puesto por el resto de España contribuyendo a las cargas comunes de manera menos que simbólica.

No es mucho peor la situación de privilegio de Cataluña. A pesar de que representa más del 30 por ciento de la deuda de la totalidad de las Comunidades Autónomas y de que en los últimos años se han subido los impuestos de todos los españoles para que Artur Mas no tenga que cerrar ni una sola de sus embajadas en el extranjero –por el contrario, ha seguido abriendo nuevas legaciones– y pueda seguir financiando el nacionalismo catalán en los territorios que desea someter, como Aragón, Valencia y las Baleares, los nacionalistas catalanes están más que descontentos mientras el resto de España lleva años sintiendo como un peso insoportable las insaciables exigencias de todos y cada uno de sus sectores y, ocasionalmente, alguna voz se atreve a discrepar.

Las oligarquías políticas de estas dos regiones españolas no están, sin embargo, satisfechas y llevan décadas sembrando el odio a España desde una educación, unos medios de comunicación y una red clientelar que se encuentran totalmente bajo su control.

Es dificil entender por qué nuestras mantenidas nos odian cuando soportamos sus dispendios con nuestros bolsillos, cuando soportamos su desprecio y cuando aguantamos sus desplantes una y otra vez mientras reciben nuestro dinero. Quizás lo que falta es una buena hostia legal en vez de dinero. Un abuso por su parte que suele terminar en la delincuencia. Muchos padres cayeron en ello y están arrepentidos de no haber parado los pies a sus hijos en su momento.

Como es lógico, nuestras mantenidas se han crecido ante nuestra pasividad y públicamente fomentan, promueven e incitan directa e indirectamente al odio, hostilidad, discriminación y violencia contra nosotros, lesionando nuestra dignidad mediante acciones que entrañan humillación, menosprecio y descrédito hacia España y los españoles, por todo lo cual me siento agredido y exijo que a todos los estamentos independentistas de Cataluña se les aplique el artículo 510 del Código Penal, tanto en su redacción antigua como modificada en cuanto sea procedente.

Nuestras mantenidas han resultado ser unas engreidas provincianas que están en manos de delincuentes que incumplen tanto las decisiones judiciales como la Constitución y la legislación vigente.

La Justicia bien, gracias. Ausente y a lo suyo, o sea, al servicio de la política dictada por una panda de inútiles a quienes erróneamente les dimos el Gobierno para que continuasen la labor de Zapatero.



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